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          LOS CENTROS DE ATENCIÓN PASTORAL (C.A.P.)

 

Todos los cristianos somos llamados a llevar adelante un movimiento continuo de conversión. Este proceso de cambio no se remite sólo a nuestra vida espiritual y a nuestras actitudes pastorales. Alcanza también de lleno a la estructura y funcionamiento de nuestras mismas instituciones eclesiales. Los nuevos proyectos y actitudes están reclamando nuevas formas de organización.

 

La parroquia, destinada a convocar y congregar a todos los bautizados de su demarcación y enviada por la Iglesia a todos los ciudadanos que viven en ella, es aún hoy una estructura pastoral sumamente apta y relevante. En ella reciben los feligreses la iniciación a la fe, se celebra cada domingo la Eucaristía y ella se ocupa y preocupa asimismo de la vida humana y cristiana de las familias.

    Inscrita en una porción de la sociedad, es figura privilegiada de la cercanía de la Diócesis y de la Iglesia a los creyentes y no creyentes de esta porción. Es «la Iglesia misma que vive en medio de las casas de sus hijos e hijas». Esta misma cercanía la hace muy apta para acoger cordialmente y favorecer, sin excluir a nadie, relaciones de familiaridad y proximidad entre sus miembros. Tiene las antenas levantadas para registrar lo que sucede en su entorno, para detectar las necesidades y sufrimientos de la gente y para establecer diálogo y colaboración con grupos e iniciativas cívicas próximas a ella. Si antes el territorio vivía a la sombra del campanario, hoy la parroquia se siente urgida a situarse en los diversos «territorios» de la vida de las personas. Si no existieran las parroquias y centros eclesiales análogos, la Diócesis, su vida religiosa, sería inmensamente más pobre.

 

Pero, la parroquia es hoy tan necesaria como insuficiente.. Las parroquias, incluso las más nutridas, no son hoy capaces de ofrecer por sí solas toda la variedad de servicios y estímulos para nutrir la fe de los practicantes, alimentar su compromiso cívico y alumbrar iniciativas misioneras. Por la movilidad característica del actual modo de vivir, los límites parroquiales se desdibujan. Este fenómeno hace más necesaria la acción concertada  y la comunión corresponsable de las parroquias entre sí para conseguir una mayor eficacia pastoral.

 

La  nueva evangelización requiere una auténtica articulación de parroquias y centros análogos que vaya más allá de una buena vecindad y de puntuales ayudas mutuas. Tal articulación no pretende eliminar las parroquias, sino potenciarlos al hacerlas converger. Complementándose mutuamente responden a su naturaleza y a su misión mucho mejor que de forma aislada. Siempre quedarán al cargo de la parroquia originaria al menos las tareas básicas: la celebración de la Eucaristía, de los demás sacramentos y de las exequias, la relación con los enfermos y los ancianos, las responsabilidades en el decoro del templo, el contacto con las familias, y las devociones propias y específicas.

 

              Precisamente para responder a estas insuficiencias de la parroquia, mejorar la calidad evangelizadora y aprovechar al máximo nuestros mermados recursos pastorales, nuestra diócesis se ha embarcado en la creación de los Centros de Atención Pastoral, que articulen entre sí en una unidad mayor a varias parroquias. Por ahora estamos empezando A medida que avancemos, a la vez en la reflexión teórica y la experiencia práctica, iremos esclareciendo las posibles preguntas y evaluando y revisando las distintas acciones y realizaciones concretas

 

Un Centro de Atención Pastoral no es un simple conglomerado de parroquias yuxtapuestas. Es un conjunto articulado de parroquias que se integran entre sí para complementarse y realizar unidas lo que no pueden realizar por separado. Y para hacerlo con un estilo nuevo: espiritual, comunitario, evangelizador, corresponsable, preocupado de la preparación de los evangelizadores. Cada CAP tiene un territorio definido, un equipo sacerdotal que coordina, y un proyecto pastoral a realizar.

 

Por otra parte, los CAPs  no suplantan a los Arciprestazgos, que siguen cumpliendo sus funciones.

 

Los Centros de Atención Pastoral reclaman una adaptación flexible tanto a los responsables pastorales de las parroquias como a los feligreses. A estos les resulta laborioso apearse de su fuerte sentimiento de pertenencia exclusiva a «su parroquia», asumir también la movilidad a la que les obligan en ocasiones los cambios introducidos y pasar de su condición de simples destinatarios de los ministerios pastorales a activos colaboradores. Algunos presbíteros desconfían de la suerte futura de estas nuevas estructuras. A algunos otros les cuesta compartir con otros la responsabilidad de «su» parroquia, entrar en la disciplina de un equipo. Son resistencias comprensibles y superables.

 

 Esperamos y deseamos, que todos, sacerdotes y laicos, pongamos de nuestra parte toda la participación y cooperación posible para poner en marcha y llevar adelante nuestro Centro de Atención Pastoral  de VEGA DE ESPINAREDA.

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